lunes, 5 de abril de 2010

Desposorio



Y a la llamada de los novios no acudió nadie.

lunes, 1 de marzo de 2010

Viaje noctívago


Aparecí en el país helvético para encontrarme con unos buenos y viejos amigos. El pequeño Danilo impulsó aún más ese encuentro, así como el rápido devenir y la longeva distancia que nos separan. Fue en Basilea y después en Berna donde discurrieron unos deliciosos días, largos y tranquilos, lejos de Brasilia, lejos de Madrid.
En Berna, nos alojamos en la casa de unos familiares, una casa baja de dos pisos, con aspecto apacible y pintada de color pastel, era un cobijo entrañable que daba a un jardín maravilloso de plantas de todos los géneros y tamaños. Este jardín finalizaba en un pequeño local contiguo, el cual, ejercía de conservatorio a la vecindad y del que por sus destartalados ventanucos salían a respirar alegremente las negras y las blancas, las corcheas y las locuaces semicorcheas. Los silencios, invisibles para los oídos, salían dignos y respetuosos a sus marciales tiempos mientras observaban con desdén el alboroto de sus compañeros de partitura en ese recreo musical imperante. Las síncopas saltaban de planta en planta de manera desordenada, las negras se posaban presumidas en las rosas amarillas de manera rítmica, así como las redondas se olvidaban durante cuatro tiempos de cambiar de arbusto.
Por la noche ya, los anfitriones, después de una exquisita cena y una serena y miscelánea conversación en francés, español y brasileño, nos acomodaron en nuestros aposentos como si de un pequeño hotel rural se tratara.
Mi camarote era amplio, el ventanuco daba al jardín y una vasta y maravillosa biblioteca cubría la extensa pared de la cabecera de mi cama, como si de un mascarón de proa de un navío del siglo XVI se tratara. Eleven anclas, zarpamos. Cientos de tripulantes observaban mis movimientos en cubierta como a un ser extraño proviniente de una tierra lejana, mientras no dejaba de intentar descubrir cuales eran sus nombres. Todas sus miradas se me clavaban como arpones en alta mar, mientras ya sólo me interesaba en algunos de ellos. Alcancé a examinar a alguno de ellos tranquila y sosegadamente, entre los rumores que salían del fondo bibliotecario. Según transcurría el tiempo, algunos empezaron a serenarse por mi continuada presencia entre ellos, otros aún mantenían cierta tensión y otros, orgullosos de sí mismos, continuaban sin dirigirme la mirada.
Cayendo suavemente la noche, creció mi interés por aquella lustrosa biblioteca aunque el cansancio acumulado durante el día venció finalmente mis últimas fuerzas y caí serena y contundentemente como una estatua derribada en favor de los derechos de los hombres. Comenzaba el viaje. A lo largo de toda la noche, tuve que enfrentarme a todos y cada uno de los tripulantes del navío, unos cayeron pronto, otros se rindieron sin más, otros ofrecieron resistencia, y algunos más resultaron durírismos de doblegar, pero a primera hora de la mañana, con el primer rayo de luz, extenuado y casi enfermo por la agotadora lucha, abrí los ojos sintiendo todo el saber adquirido de aquellas almas pertenecientes a los múltiples tripulantes durante aquel dispar viaje noctívago.

martes, 26 de enero de 2010

Remar hacia el interior



Mientras el océano saluda fatigado y juvenilmente a su llegada a tierra firme, otros parten a dialogar por alta mar recordando que hubo un tiempo en que descubrir otros horizontes era un privilegio o la única oportunidad de unos pocos de correr una aventura restringida solamente a valientes, desesperados y buscavidas. La vuelta siempre era duda.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Andrew Bird


Un tipo que introduce la palabra "palíndromo" en sus letras merece un respeto o como mínimo una original curiosidad. Sólo, delgado y simpático se presentó el de Illinois ante el público madrileño con todos sus sonoros juguetes a cuestas. En calcetines y ayudado de una extensa pedalera, deleitó durante 14 canciones a toda la platea que había agotado las entradas días antes. Un augusto silencio reinó en la sala durante todo el recital embaucador de sueños sonoros e imaginaciones escondidas en cada uno de los instrumentos que acarició.

Nuevos y bellos regalos repartió tales como "Oh no", "Masterswarm" o "Effigy", sin olvidarse de viejas joyas como "I" o "Imitosis", terminando con Dylan y una larga versión de su bella y somnolienta "Weather Systems". Virtuoso del violín y autoproclamado silbador profesional, imitó a aquel flautista de los Hermanos Grimm dejando sonar el firme y cálido silbido que podría haber utilizado como cebo para guiarnos calle abajo, llenando una y otra vez todas las salas de las ciudades incluídas en su gira. No dudaría ni un segundo en seguirle.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Bar Manolo


Dejando de lado los bares sometidos a los gritos comunes, a humos procaces, se erige un castillo medieval en el punto de inflexión de la montaña urbana. Ese castillo, denominado vulgarmente "Bar Manolo. Desayunos y Comida Casera", continúa tranquilo su andadura en la restauración madrileña.
Allí las escenas costumbristas perdidas en el tiempo destacan para el que sabe mirar con los oídos. La mirada iracunda del perro a su dueño y que sentado obedientemente no le quita ojo, el señor apostillado en la barra con su quinto vermut de la tarde, la mujer despechada que opina de todo, el propietario dicharachero cortando el jamón, la cesta con los calendarios gratuitos de desnudos masculinos y femeninos reflejan sencillamente la imagen del "Bar Manolo", el verdadero Ministerio de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad.

miércoles, 24 de junio de 2009

El arte de alargar la cerveza


A contratiempo habitas horas en las que sólo te acompaña la soledad, el silencio te escucha y te alejas de los minutos comunes a la humanidad. Piensas, intentas detener la mente perversa de palabras imperecederas pero las historias que siempre te quedaron pendientes saltan hacia tí como salmones a contracorriente. Ojeas más asiduamente tu bolsillo y frenas tu consumismo ansioso mientras tomas las actividades externas como juegos alternos de rol.
Ves crecer tus plantas día a día mientras las olímpicas aguas te hacen más compacto. Preguntas precios y poco o nada crees ya en el Gobierno ladrón de sueños. Paciencia matutina, búsqueda de ramas, caminas despacio y mentalmente fabricas más fábulas que nunca. Te sumerges en el agua, sin bombona de oxígeno, confiando en tu capacidad pulmonar.
Y cada tres meses el gran hermano controla que fiches regularmente. Buenos días, sigo aquí aguantando la rabia, pero no sé hasta cuando...

martes, 19 de mayo de 2009

Eurodepresión


Como una barca a la deriva España zozobra y se hunde ya por todos los lados imaginables en el escaparate de los tiempos corrientes. La actuación de la representante española en Eurovisión no pudo estar más al hilo de la pantomina que es este festival retrógrado, zafio y cutre. La pilingui de turno que nos representaba era una tal Soraya. No le voy a quitar méritos a su voz y a su cara bonita, pero de ahí a representarnos hay unas cuantas millas de distancia. La tipa está tintada hasta el alma y la canción en cuestión, además de penosa, es la mitad en español y la mitad en inglés, ea. De la letra ni hablamos y para más reflujo de influencias externas a la península, sale rodeada de varios monos danzarines contorneando sus tintes imposibles que bien podrían ser malas imitaciones suecas o modernos osos polares. La quintaesencia del espíritu patrio, vaya. Si tuviéramos un poco de dignidad imitaríamos a Italia y nos retiraríamos de este festival titiritero. Y para finalizar, la moza, olvidándose de la existencia de la solemne humildad, con su penúltimo puesto en el bolsillo, se envuelve en excusas ajenas a su inasumible batacazo.
Digas lo que digas te lo has ganado, bo-ni-ta.